Des ouvriers pour la moisson
11ème dimanche du temps ordinaire

L’Évangile de ce dimanche se lit sous le signe de la mission. Il commence par le regard de Jésus sur la foule lasse et fatiguée. L’Évangile nous dit que le Seigneur était troublé en voyant ces femmes, ces hommes, ces enfants peut-être désorientés et fatigués, comme des agneaux sans berger. Jésus en a pitié et nous demande de prier Dieu pour envoyer des ouvriers à sa moisson, car ils sont trop peu nombreux.
Le peuple d’Israël pouvait se représenter mieux que nous l’idée du rôle d’un pasteur et il savait exactement le péril qui s’ensuit quand le troupeau se retrouve seul et sans berger.
Si Jésus venait aujourd’hui parmi nous, je crois qu’il nous dirait exactement la même chose, car beaucoup de personnes sont désorientées et cherchent le sens de la vie.
Quelle est la solution à ce problème ?
Eh bien, Jésus choisit douze apôtres, chacun par son nom, avec éventuellement une précision qui le caractérise. C’est un appel collectif et personnel. Jésus va les former au cours des trois ans de sa vie publique. Jésus les envoie alors en mission en leur précisant les missions de leur apostolat.
La première, c’est l’expulsion des démons, pouvoir gagné par Jésus, victorieux des puissances du mal et de la mort, qu’il partage avec ses disciples.
La deuxième est le soin aux malades.
La troisième est la proclamation de la proximité du Royaume des cieux qui vient en Jésus. C’est aussi à cela que nous sommes appelés : prêcher et témoigner sur la personne de Jésus, sur son message de paix, d’amour, de bonté et de pardon.
Nous avons tous, dans l’Église aujourd’hui, à la place où nous sommes, cette mission : participer à la guérison de l’humanité, de ses blessures, l’orienter et l’accompagner dans ses recherches, par exemple dans nos communautés, nos familles, nos lieux de travail, les écoles, les universités, dans la presse, dans le milieu de la société, chaque chrétien y est appelé.
C’est saint François de Sales qui écrivait :
« Si Dieu commande à la création, aux plantes, de porter leurs fruits, chacune selon son genre, ainsi commande-t-il à nous, les croyants qui sommes des plantes vivantes de son Église, que nous produisions des fruits, chacun selon sa qualité et sa vocation. »
La gratuité est la caractéristique de ce Royaume. Dieu donne gratuitement et nous, comme les disciples, sommes invités à nous mettre à l’école de cette même gratuité.
Sr. Claudine Perquin
Obreros para la mies
El Evangelio de este domingo se lee bajo el signo de la misión. Comienza con la mirada de Jesús sobre la multitud, cansada y abatida. El Evangelio nos dice que el Señor se conmovió al ver a aquellas mujeres, aquellos hombres y aquellos niños, quizá desorientados y fatigados, como ovejas sin pastor. Jesús siente compasión por ellos y nos pide que recemos a Dios para que envíe obreros a su mies, porque son demasiado pocos.
El pueblo de Israel podía comprender mejor que nosotros la importancia del papel de un pastor y conocía perfectamente el peligro que corre un rebaño cuando se encuentra solo y sin guía.
Si Jesús viniera hoy entre nosotros, creo que nos diría exactamente lo mismo, porque muchas personas están desorientadas y buscan el sentido de la vida.
¿Cuál es la solución a este problema?
Pues bien, Jesús elige a doce apóstoles, llamando a cada uno por su nombre y, en algunos casos, añadiendo un rasgo que lo caracteriza. Es una llamada a la vez colectiva y personal. Jesús los forma a lo largo de los tres años de su vida pública y, después, los envía en misión, indicándoles las tareas propias de su apostolado.
La primera es la expulsión de los demonios, un poder conquistado por Jesús, vencedor de las fuerzas del mal y de la muerte, y que comparte con sus discípulos.
La segunda es el cuidado de los enfermos.
La tercera es el anuncio de la cercanía del Reino de los Cielos que llega con Jesús. Y precisamente a eso estamos llamados también nosotros: a predicar y dar testimonio de la persona de Jesús, de su mensaje de paz, de amor, de bondad y de perdón.
Todos nosotros, en la Iglesia de hoy y desde el lugar que ocupamos, tenemos esta misión: participar en la curación de la humanidad, de sus heridas, orientarla y acompañarla en sus búsquedas. Esto puede hacerse en nuestras comunidades, en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo, en las escuelas, en las universidades, en los medios de comunicación y en la sociedad en general. Cada cristiano está llamado a ello.
Es san Francisco de Sales quien escribía:
«Si Dios manda a la creación, a las plantas, que den sus frutos, cada una según su especie, así nos manda también a nosotros, los creyentes, que somos plantas vivas de su Iglesia, que produzcamos frutos, cada uno según su condición y su vocación».
La gratuidad es una de las características de este Reino. Dios da gratuitamente y nosotros, como los discípulos, estamos invitados a ponernos en la escuela de esa misma gratuidad.
Sr. Claudine Perquin